EL MST, FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LOS MOVIMIENTOS POPULARES (II)

EL MST, FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LOS MOVIMIENTOS POPULARES (II)

El verano de 2025, distintos brigadistas organizados por el colectivo internacionalista vasco Askapena viajaron a Brasil para conocer con más profundidad la semilla y los frutos revolucionarios del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST). Gracias a su generosidad, ofrecemos en dos partes la crónica de su experiencia. Aquí va la segunda (podéis consultar la primera aquí: https://butlletibam.cat/es/el-mst-fuente-de-inspiracion-para-los-movimientos-populares-i/).

La agroecología es el camino

Estas semanas hemos podido comprobar que para el MST “la agroecología es el camino”. La apuesta por la agroecología va mucho más allá de optar por un sistema de producción agroalimentario concreto. La agroecología vertebra el propio movimiento de las sem terra en la medida en que se conecta con su forma de entender la lucha.

Colonialismo, resistencia indígena y acceso a la tierra

En la Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF) tuvimos la oportunidad de acercarnos un poco a los últimos 500 años de la historia de Brasil de la mano de Casia y Douglas. Nos explicaban que para entender la desigualdad en el acceso a la tierra, hay que remontarse al proceso de colonización de los imperios portugués y español. Infinidad de pueblos originarios indígenas poblaban el territorio en el siglo XV; el más numeroso de ellos, el tupí guaraní. Es importante resaltar que desde que comenzó la colonización, se han organizado formas de resistencia indígena a las que posteriormente se unirían las luchas de los pueblos quilombolas –las comunidades de origen africano que se fugaron del trabajo esclavo– y de los pueblos campesinos.

Con la colonización, se va estableciendo un mercado internacional de productos agrícolas. En primer lugar, la madera de pau brasil; la cual se usaría en tinturas y en segundo lugar, la caña de azúcar; la cual introdujo: el monocultivo, el trabajo esclavo y la necesidad de grandes extensiones de tierra. Con la dominación europea, comienza tráfico de personas esclavizadas provenientes de África.

Pero como ya se ha mencionado, los pueblos organizan la resistencia frente al colonialismo. En el siglo XVII tiene lugar la Guerra de los Palmares entre las autoridades coloniales portuguesas y el Quilombo dos Palmares, una comunidad de personas negras cimarronas –fugadas del trabajo esclavo– que se habían establecido en las montañas de Brasil. En el siglo XVIII, cuando se incrementa el extractivismo del oro tiene lugar la lucha del pueblo guaraní. En el siglo XIX, se siguen alimentando esas luchas por la independencia y en el año 1822, se logra la independencia de Brasil. Sin embargo, el proceso de independencia de Brasil fue distinto al que se dio en otros lugares de Latinoamérica. Las revueltas no dieron lugar a guerras por la independencia y aunque sobre el papel termina la colonización, Brasil se convierte en una monarquía con una familia real que desciende directamente de la familia real portuguesa.

En 1850, con la denominada “Ley de tierras”, cambia la propiedad de la tierra. Las tierras pasan de ser de la Corona a ser de propiedad privada. En ese proceso de privatización de la tierra, se da una regularización en la cual se supone que quienes están cultivando la tierra deben realizar un registro y una compra de la misma. Pero esta ley no estaba pensada para hacer viable el acceso a la tierra y muchas indígenas, quilombolas y campesinas –que no conocían el portugués ni tenían dinero– no pudieron realizar los trámites necesarios. Eso tuvo como consecuencia que muchos tuvieran que marcharse del campo originando un gran éxodo rural y dando continuidad a la dependencia de los propietarios de la tierra. La otra cara de la moneda fue esa clase dominante adjudicándose tierras que nunca habían cultivado. Tal y como nos explicaban, de esta manera “se esclavizó a la tierra” y las consecuencias se arrastran hasta la actualidad.

A principios del siglo XX, la caída de los precios del café desembocará en una crisis agraria que reducirá su producción y esto acarreará el impulso de la Industrialización por Sustitución de Importaciones.

La historia reciente de la lucha por la tierra y la cuestión agraria

En 1964 tiene lugar el golpe militar que sumiría a Brasil en una dictadura hasta 1985. En ese tiempo, se amplían las carreteras y se va expulsando al campesinado ahondando en un éxodo rural ya en curso.

Los cambios que van aconteciendo durante el siglo XX, afectan de lleno al campesinado. En este contexto, comienzan a surgir organizaciones campesinas, que son la base de lo que más tarde será el MST. Surgen las “Ligas Camponesas”, la ULTAB (Unión de labradores y trabajadores agrícolas de Brasil) y Master (Movimiento de Agricultores Sin Tierra). La dictadura debilitó estas organizaciones y en 1962, bajo la influencia de EEUU se propuso la Reforma Agraria como forma de aplacar las revueltas campesinas.

Dos años más tarde –en 1964– y como resultado del desarrollo de la Reforma Agraria, se establece el “Estatuto de la Tierra”, que rige el uso y la propiedad de la tierra y establece la “función social de la tierra”; la cual más adelante será clave de las reivindicaciones del MST a través de las ocupaciones de tierra. En 1975, enmarcada en la Teología de la liberación, surge la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), que defiende los derechos de los trabajadores y los pueblos en la cuestión del campo.

En 1984 y como ya venimos mencionando en crónicas anteriores, surge el MST. Hay que subrayar que gracias a la ocupación de tierras organizadas a través de los campamentos, 450.000 familias han logrado el acceso a la tierra en estos 40 años de lucha. Las sem terra luchan por la tierra a través de las ocupaciones y utilizan la Reforma Agraria Popular como forma de democratizar el acceso a la tierra teniendo como horizonte último el socialismo. Como nos mostraron, para el MST el cambio estructural en el sistema deberá pasar por la Reforma Agraria debido a la cuestión colonial y por la necesidad de construir el socialismo.

Tal y como explicaba Daniel Pascual, coordinador de la CUC (Comité de Unidad Campesina) de Guatemala con el cual pudimos coincidir unos días, el MST también tiene una articulación internacional del campesinado de América Latina a través de La Vía Campesina. La Vía Campesina (1993) surge como movimiento campesino global contra el neoliberalismo y por la soberanía alimentaria y a través de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo; CLOC (1994), que nace de la necesidad de construir un espacio autónomo para las organizaciones campesinas. La Vía Campesina, como articulación global incluye a la CLOC como una de las organizaciones miembro en el continente.

Si se pone atención al último cuarto de siglo, se ve cómo se profundiza en el modelo de agricultura industrializada sin campesinado propio del sistema capitalista, dándose un gran cambio en la producción agrícola. Por un lado, debido a la reorganización del mercado internacional y por otro lado, a causa del control de la producción que ejercen las transnacionales. En la última década, a esa amenaza se suman la digitalización y financiarización de la agricultura. El sector financiero ha convertido la producción de alimentos en una mercancía al servicio de la especulación. Eso hace que la tierra se revalorice, dificultando la puesta en práctica de la Reforma Agraria. Tal y como nos señalaban “El estado se resiste a desarrollar la Reforma Agraria porque eso dejaría a la tierra fuera de la especulación”.

Durante el mandato de Bolsonaro (2019-2022) se hizo un cambio en las leyes para que se pudiera vender el lote de los asentamientos de la Reforma Agraria con el consiguiente riesgo de que se vuelva a dar una concentración de tierras en manos de la clase dominante. Y otra amenaza para el MST es la composición del Senado. El grupo más fuerte lo constituye precisamente el agronegocio, seguido del evangelista y del lobby de las armas. Estos grupos tienen fuerza y según nos expresan, son una amenaza para Brasil. Es precisamente esta situación política la que obliga al MST a incidir en las instituciones y a plantear una alternativa firme al agronegocio mediante la masificación de la agroecología.

Del huerto mandala a la agroforestería

La agroecología es la base del sistema productivo y el camino que están andando las sem terra, pero según hemos podido conocer, el MST organiza la producción agroalimentaria de diferente manera según la escala. Tanto en la ENFF como en los campamentos –donde la superficie cultivable es más limitada– tienen huertos mandala; huertos que incorporan cultivos asociados siguiendo formas circulares. Este manejo les permite un buen aprovechamiento del suelo, un laboreo mínimo, una gran diversidad de cultivos, así como un autoabastecimiento parcial de las necesidades alimentarias. También suelen contar con pequeños semilleros y con huertos medicinales con los que llenan la despensa para preparar remedios naturales.

Además de la finalidad productiva y ecológica, el sector de producción sirve como acercamiento al campo, ya que muchas de las personas que llegan a los campamentos vienen del ámbito urbano. Los trabajos en la huerta también sirven para cohesionar la comunidad y para aprender a trabajar la tierra de cara a poder vivir de ello en el asentamiento. El trabajo en el huerto es diario y lo habitual es que cada día se encargue de los trabajos un núcleo de base del campamento. En ese proceso de aprendizaje a través del método campesinx a campesinx, las acampadas van incorporando los saberes campesinos y para poder profundizar, el MST organiza cursos de agroecología, agroforestería y agropecuaria en la Escuela Rosa Luxemburgo de la ENFF. Sin embargo, por lo reducido de la zonas cultivables, en los campamentos la gente no puede vivir del trabajo en la tierra y muchas personas, se ven obligados a trabajar fuera.

En el caso de los asentamientos, donde lo habitual es que el lote de cada familia sea de al menos una hectárea, la forma de cultivo escogida –en los casos que hemos conocido– es la denominada agroforesta. Cada familia vive del lote aunque en ocasiones tengan que complementar con trabajos en el exterior. Se alimentan de lo que producen y venden el excedente. El sistema agroforestal lo componen líneas permanentes de especies perennes como el árbol del banano o el arbusto del café y cultivos anuales de hortalizas entre las filas. Estos sistemas integran elementos propios de la naturaleza con prácticas agroecológicas. Se busca imitar de alguna manera la sucesión natural de especies para crear ecosistemas más resilientes y biodiversos que aporten tanto frutos cosechable como leña o acolchado vegetal para garantizar la cobertura del suelo. Además, las diferentes plantas acceden a distintos estratos del suelo, lo cual facilita la distribución de los recursos hídricos y de los nutrientes. En definitiva, la agroforestería preserva la materia orgánica y la humedad y protege la naturaleza integrando árboles y producción de alimentos, incidiendo en que se haga de manera colectiva.

A pesar de que no pudimos visitarlo, nos comentaron que en los casos en los que la superficie del asentamiento es mayor y donde las condiciones lo permiten –como en Rio Grande do Sul– cultivan grandes extensiones de arroz. Llamando la atención sobre el hecho de que desde la agroecología y organizando la producción a través de cooperativas, pueden hacerle frente al agronegocio. De hecho, el MST es el mayor productor de arroz ecológico de Latinoamérica. De alguna manera, la gran variedad de climas y de tipos suelo, permite organizar una diversificación de cultivos de manera colectiva que posteriormente llega a los diferentes lugares donde el MST se organiza.

La organización económica en los asentamientos

Las familias asentadas tienen una producción diversificada, algo que les aporta viabilidad también económica. La comercialización la organizan a través de la cooperativas, las cuales pertenecen orgánicamente al MST, siendo éstas la base económica del mismo. Con el margen que la cooperativa añade a los productos, ésta va generando un fondo para gastos comunes y a parte de eso, retienen el 20% de lo que venden las productoras y se lo devuelven transcurrido el año. La mayoría de la producción que llega a la cooperativa se destina a abastecer el “Programa de Adquisición de Alimentos” y el “Programa de merienda escolar”. Se trata de programas de compra pública a pequeñas agricultoras. También preparan cestas para familias y otra parte importante de la producción la comercializan directamente en las Ferias de la Reforma Agraria que organiza el MST. En el caso de la la cooperativa Comuna da Terra de Mario Lago, tienen una zona de procesamiento mínimo para las hortalizas y legumbres. En ella, además de preparar los pedidos, pueden pelar la yuca o descascarillar los frijoles.

Y a escasos kilómetros, en el mismo asentamiento está la cooperativa de mujeres Comater. Empezaron 22 de mujeres y hoy en día, ya son alrededor de 50. En ella, producen alimentos agroecológicos sin agrotóxicos, respetando la naturaleza y garantizando alimentos saludables. Además, las mujeres campesinas se articulan políticamente y contribuyen a los debates del sector de género del MST.

Retos y preocupaciones de las personas asentadas

A medida que pasaban los días, pudimos ver cómo las personas asentadas nos iban transmitiendo sus preocupaciones sobre los límites de la Reforma Agraria y la importancia de la Reforma Agraria Popular que el MST plantea hace unos años. Sergio nos relataba que según su punto de vista, el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria) no preparara la puerta de salida que daría entrada al siguiente y eso generaba que en algunos lotes se generase cierta dejación del trabajo agrícola y se abriese la puerta a la especulación. Lo cual generaba que algunos lotes pudieran acabar en manos de personas que no tienen ningún interés en cultivar la tierra, siendo su mayor motivación la casa. También echaba en falta que haya un apoyo permanente al campesinado y consideraba imprescindible volver a fortalecer la formación. Recordaba con nostalgia como en los 90, muchos de los que ahora forman la cooperativa estaban en una constante formación política de la mano de la Comisión Pastoral de Base y no haber mantenido esa estructura formativa, lo relacionaba directamente con la desmovilización de una parte de las personas asentadas actualmente. Ya que según sus palabras “No tener una base ideológica fuerte conduce a actitudes cada vez más individualistas”. También incidía en la importancia de “transmitir el amor por la tierra”. Mariano añadía, que fue también la introducción del monocultivo de caña de azúcar en la zona lo que perjudicó directamente a la estructura organizativa del asentamiento por el impacto socioeconómico que tuvo.

Al igual que en otros lugares del mundo, varios de los asentados –Sergio, Reja, Ivani y Mariano– con los que pudimos conversar, nos explicaban el problema del acceso a las ayudas públicas. Como están ideadas para el agronegocio y no para la agricultura familiar, que constantemente se encuentra con trabas burocráticas. Y también nos trasladaron lo envejecido que está el sector y la falta de relevo generacional. Por eso están repensando las relaciones con la juventud y las relaciones campo-ciudad, con la esperanza puesta en que tendencia sea retornar al campo. Esas relaciones entre lo rural y lo urbano, también las trabajan con un mercado semanal en la capital. Las Ferias de la Reforma Agraria les dan visibilidad y generan un puente con las personas de la ciudad. Además, eso contribuye a estrechar las relaciones con otros movimientos políticos. También hay dinámicas para que personas del entorno urbano se acerquen al rural. De hecho, en el propio asentamiento de Mario Lago, cada domingo hay jornada de trabajo colectivo en los lotes. Y en la ciudad, han crecido otras iniciativas impulsadas por el MST como “Mãos Solidárias”, que hacen un trabajo de base a través de cocinas colectivas con las que preparan marmitas –tuppers con raciones de comida– y también, a través de programas de alfabetización.

Es importante destacar que la labor que desempeñan las personas asentadas en Mario Lago va más allá del asentamiento mismo, ya que se encuentran en Ribeirão Preto, bautizada como la capital del agronegocio de Brasil debido a la explotación intensiva del ya mencionado monocultivo de caña de azúcar. Es decir, su lucha cotidiana cuestiona el modelo agrícola que impera en Brasil en general y en su zona en particular. Y es que la producción de caña de azúcar apenas se destina al consumo interno, la mayoría es azúcar para la exportación o para la obtención de etanol, que muchas veces no puede ser considerado energía renovable porque es más la energía fósil introducida en el proceso productivo que la energía “limpia” que se obtiene a partir del biocombustible. Tal y como nos explicaba Joaquim, el modelo sigue funcionando porque el sector está nutrido de subsidios. Algo parecido sucede con el monocultivo de soja. El 75% es para la exportación y tiene como destino la elaboración de piensos para la ganadería industrial. Además de gestionar sus lote, Mariano nos explicaba que tienen una labor de custodia del territorio, ya que también se encargan de proteger el área de reserva legal, una porción de tierra con vegetación nativa que corresponde a cada posesión rural y que viene siendo objetivo de los incendios intencionados en la zona, con un claro interés especulativo.

La agroecología como apuesta política del Movimiento

Como ya se ha mencionado, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra tiene como herramienta principal de lucha la ocupación de tierras, pero ¿cuál es modelo de producción en esas tierras? La agroecología no estuvo integrada en el Movimiento desde el inicio. El cambio se corresponde con el mencionado auge de las multinacionales del agronegocio de principios de siglo. Es entonces cuando el MST comenzó a apostar fuertemente por la agroecología. A raíz del debate y la crítica al modelo del agronegocio, que se consolidó en su IV Congreso Nacional (2000), con la publicación de «Nuestros compromisos con la Tierra y con la vida». En esa apuesta se profundizó posteriormente, con la puesta en marcha de un nuevo modelo tecnológico en los asentamientos, estableciendo que la agroecología debía guiar las prácticas productivas del Movimiento.

En el marco de las 22ª Jornadas de Agroecología a las que pudimos acudir en Curitiba (Paraná), en una visita de campo al asentamiento Contestado tuvo lugar por parte de Débora Nunes la charla “La masificación de la agroecología y el acceso a las tecnologías apropiadas”. Nunes, que es parte de la Coordinación Nacional del MST explicaba que la Reforma Agraria Popular es la masificación de la agroecología y que el MST quiere acelerar ese proceso. Aseguraba que “es posible alimentar al mundo con producción agroecológica y que tiene que ser accesible para todas”. Según su punto de vista, los frentes clave para llevar a cabo esa masificación son: los bioinsumos, la industria asociada al procesado y la mecanización. Están avanzando en la relación con China precisamente para conseguir dispositivos adaptados a la agricultura familiar. Por un lado, biofábricas de microorganismos que aceleren el proceso de compostaje y por otro lado, maquinaria adaptada a la agricultura campesina. De hecho, ya están haciendo pruebas adecuando a las características de los suelo, tipos de cultivos y usos y costumbres de Brasil, la maquinaria importada desde China.

Otra aportación interesante durante las jornadas fue un análisis sobre la agricultura capitalista en Brasil trazando una continuidad entre la historia colonial y la crisis ambiental actual. En la misma, se hizo un análisis de la historia del capitalismo a través de los ciclos de acumulación del capital que se dan en los momentos de crisis poniendo el foco en que los periodos entre una crisis y la siguiente se van reduciendo, en que los cambios no son abruptos y en que la estructura de sistema-mundo que va prevaleciendo hace que el poder capitalista se vaya articulando con esos centros de acumulación mediante la agricultura capitalista y el extractivismo. Según el ponente Andrei Cornetta, el capitalismo tiene dos formas de rearticulación tras esas crisis. Por un lado, a través de la innovación tecnológica, a partir de la cual una nueva fuente energética y una nueva materia prima, dan lugar a una nueva tecnología. Y por otro lado, a través de la transición energética, en la cual un cambio en la matriz energética busca aumentar la energía disponible para el crecimiento de la economía capitalista. Esto ayuda a la reestructuración económica a costa de intensificar la explotación de la naturaleza. Estos dos ejemplos traen aparejada la disputa actual por el territorio, que tiene que ver con el extractivismo de minerales para la digitalización y con el despliegue de los macroproyectos de energías renovables; así como con el acaparamiento de tierras para los monocultivos del agronegocio. Andrei invitó al público a aprovechar las crisis del capital como oportunidad de cambio y a empezar a superar el capitalismo ampliando los territorios donde el capitalismo no opera por completo, haciendo así un guiño a los campamentos y asentamientos del MST.

Como cierre de las jornadas, hubo una tertulia entre tres figuras importantes para las sem terra. Lo que nos permitió acercarnos a los debates actuales dentro y fuera del Movimiento. Participaron personas como Makota Celinha; coordinadora general del Centro Nacional de Africanidad y Resistencia Afro-brasileira, Leonardo Boff; filósofo y ecologista y João Pedro Stedile; economista y personalidad destacada dentro del Movimiento. Este último, puso el acento en examinar las “salidas” capitalistas a la crisis sistémica: mayor apropiación y privatización de bienes naturales para convertirlos en mercancías, guerra capitalista y una ideología que resurge ideas fascistas sembrando el odio contra minorías y trabajadores. Stedile terminó insistiendo en que el ejercicio del poder del pueblo está en las calles, no en los parlamentos. “Ahí está la lucha política de masas. Por mucho que ahora estemos en un momento histórico de una disminución del movimiento de masas” decía. Y concluía argumentando que el tiempo histórico de salir de la crisis dependerá de que el pueblo se organice y luche. Aterrizándolo a la realidad, insistía en asumir responsabilidades, corrigiendo errores y afrontando desafíos ya que según sus palabras, “cuanto más esperemos, más se prolongará la crisis”.

Nos gustaría terminar esta crónica remarcando que eso mismo que menciona Stedile lo hemos visto reflejado en varias conversaciones con militantes del MST. Tienen claro el objetivo, asumen con honestidad sus errores y sus aciertos, afrontan el reto que supone masificar la agroecología y tienen una gran determinación por seguir en la lucha. Sin duda, eso nos llena de motivación en nuestro regreso a Euskal Herria. Como dicen las sem terra “Internacionalizemos a luta, internacionalizemos a esperança”.