EL MST, FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LOS MOVIMIENTOS POPULARES (I)

EL MST, FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LOS MOVIMIENTOS POPULARES (I)

El verano de 2025, distintos brigadistas organizados por el colectivo internacionalista vasco Askapena viajaron a Brasil para conocer con más profundidad la semilla y los frutos revolucionarios del Moviment dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST). Gracias a su generosidad, ofrecemos en dos partes la crónica de su experiencia. Aquí va la primera.



El MST es uno de los mayores movimientos de masas de América Latina, con el que 450.000 familias de todo Brasil -unas 1.500.000 personas- han conseguido acceder a la tierra. Las siglas de MST siguen al nombre de Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, que, como su nombre indica, organiza en el medio rural a trabajadores agrícolas «sin tierra» -actualmente unos 4 millones- con el objetivo de la Reforma Agraria Popular (Reforma Agrária Popular, en portugués). De hecho, la cuestión de la tierra sigue siendo clave en Brasil, que proviene de los tiempos de la colonización portuguesa. Pero ¿de dónde ha surgido el MST? ¿Con que objetivos se creó? ¿Qué es lo que propone hoy en día?



Creación del MST

Como decíamos, el recorrido de la lucha de la tierra en Brasil ha sido largo. La colonización europea dividió las tierras brasileñas entre unos pocos señores afines a la corona y el modo capitalista de producción no supuso un cambio sustancial en estas circunstancias. A diferencia de algunos países de Europa occidental, en Brasil no se dio una reforma rural capitalista y la mayoría de las tierras quedaron en manos de una oligarquía. Todavía hoy el 1% de los propietarios agrícolas tiene la propiedad de la mitad de las tierras del país. Esta injusta situación ha dejado a millones de trabajadores agrícolas -conocidos como Sem Terra- sin posibilidad de cultivar la tierra y esto ha supuesto una lucha por la tierra que dura ya décadas. Debido a esta situación, el MST nace en 1984, en un contexto de despliegue generalizado de la lucha de clases de los últimos años de la dictadura militar (1964-1985), con el objetivo de estructurar la lucha campesina Sem Terra a nivel nacional y reforzar la lucha por la reforma agraria.

Reivindicaciones del MST

Este movimiento lucha por tres grandes objetivos interrelacionados entre ellos: la tierra, la reforma agraria y la transformación social.

– La lucha por la tierra, desde una perspectiva sindical-económica con el objetivo de que los Sem Terra adquieran la tierra que necesitan para sobrevivir.

– En segundo lugar, tenemos el objetivo amplio de la lucha por la reforma agraria que, más allá del ámbito sindical, busca además de garantizar la tierra a todos los agricultores que quieren cultivarla, sustituir el modelo productivo que conforma el agronegocio, y claro, esto está relacionado con el tercer objetivo.

– De hecho, el MST tiene claro que la Reforma Agraria Popular forma parte de la lucha por un proyecto de sociedad sin ningún tipo de opresión. Así, apuesta por la construcción de un proyecto político que revolucione el entramado político, económico y social.

Apuesta, en suma, por la construcción del socialismo.

Formas de lucha

Con el fin de conseguir estos objetivos los y las Sem Terra del movimiento, utilizan diferentes formas de lucha para acceder a la tierra: ocupaciones de edificios públicos, marchas multitudinarias, cortes de carreteras… pero la principal forma de lucha es la ocupación de tierras. Los y las campesinas sin tierra realiza ocupaciones y organizan la producción agrícola en terrenos no utilizados o subutilizados, que suponen el 44% del total de las propiedades del suelo. Mediante largas luchas tratan de regularizar estos campamentos -pues la constitución brasileña reconoce que las tierras deben cumplir una función social, por lo que las tierras subutilizadas pueden ser expropiadas por el Estado. Una vez regularizados, estos campamentos pasan a ser asentamientos, en los que actualmente viven 450.000 familias.

Fundamentos del MST

La lucha del MST se basa en unos principios: mantener la autonomía respecto a los partidos políticos, gobiernos, iglesias u otras instituciones, o el fomento de la participación de todas y todos los miembros de la organización, independientemente del género o raza, a través de una elección democrática y rotatoria de cargos.

Pero hoy vamos a profundizar especialmente en dos de estos principios: el internacionalismo y la importancia que dan a la formación.

El internacionalismo en el MST

Como nos decía una compañera con trayectoria en el sector internacional del movimiento, el hecho de que el propio MST haya bebido tanto de aportaciones teóricas (de pensadores como Marx, Engels o Lenin) como de experiencias prácticas (especialmente de las revoluciones cubana y nicaragüense y de los procesos revolucionarios de toda América Latina) fuera de Brasil les genera una deuda con el resto del mundo. Pero el internacionalismo no sólo se reivindica por esa «deuda» que tienen como organización, sino también como estrategia política: «El capitalismo, como sistema mundial que es, establece todo el planeta como punto de batalla, por lo que la resistencia también debe ser global«1.

Así, MST ha dado una gran importancia a la creación de espacios de organización internacional. Ya sea participando en la creación de la Vía Campesina, que agrupa a diferentes organizaciones agrarias de varios países, o impulsando la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP), que agrupa a diferentes organizaciones de los cinco continentes del mundo. La AIP busca la unidad ideológico-estratégica entre estas diferentes organizaciones fomentando las discusiones entre ellas, pero sin pretender decretar tácticas para todas ellas. No obstante, uno de los principales retos lo tienen en crear las condiciones para llevar a cabo iniciativas concretas conjuntas.

De hecho, el MST no limita el internacionalismo a meros debates y reuniones, sino que también lo ejecuta de forma práctica. Las y los miembros de la Brigada hemos sido testigos de ello, aunque de forma sencilla, cuando hemos asistido al acto de São Paulo en recuerdo del levantamiento del 26 de julio que supuso un punto de inflexión para la Revolución cubana. El movimiento introduce el internacionalismo en su lucha del día a día: más allá de los actos todos sus miembros cumplen funciones internacionalistas, ya sea a través de intercambios políticos o a través de brigadas. Las brigadas de MST, a petición de alguna organización de otro país, acuden por un periodo mínimo de 2 años con trabajos concretos: impartición de formaciones políticas, enseñanza de técnicas agroecológicas, creación de procesos educativos adaptados al medio rural… Y no son pocos, las y los brigadistas estan en muchos países, como Venezuela, Cuba, China, Mozambique, Palestina o Haití.

La importancia de la formación

Como hemos dicho, una de sus principales bases es la formación. De hecho, aunque la práctica es el principal proceso de aprendizaje, para cambiar la realidad hay que conocer esta en su profundidad, y por ello, la formación es vista como imprescindible por el MST. En cada núcleo de cada asentamiento hay responsables de educación y formación.

Este año también hemos sido testigos de la importancia que otorgan a este ámbito. De hecho, hemos pasado los primeros 4 días de brigada estudiando en la Escola Nacional Florestán Fernandes (ENFF), el principal centro de formación política de MST. Construido en 2005 por más de 1.000 miembros del MST, la ENFF es una referencia en la formación política de la clase trabajadora y por aquí pasan cada año entre 4.000 y 7.000 militantes de organizaciones de Brasil, América Latina y todo el mundo. En ella imparten profesoras e intelectuales voluntarias de todo el mundo que trabajan temas como el marxismo, la agroecología y la educación popular. El mantenimiento de la escuela lo hace el propio alumnado para fomentar el crecimiento de la conciencia política. De igual manera, que la militancia de las diferentes organizaciones se junte en la escuela también facilita los contactos entre estas organizaciones.

La lucha por la tierra actual: la Reforma Agraria Popular

Tras el congreso de 2014, MST renovó su propuesta política. Ya no apoyan cualquier reforma agraria, sino que reivindican por la Reforma Agraria Popular.

Y es que en las últimas décadas se ha producido un cambio sustancial en la forma que el capitalismo ha adoptado en el campo. El latifundio tradicional ha tendido a transformarse en agronegocio a través de la integración de latifundistas y capitales financieros, con el apoyo de los medios de comunicación y del Estado burgués. Así, la amplia propiedad agraria improductiva ha recibido grandes inversiones del capital financiero internacional, de manera que las empresas transnacionales se han hecho con el control de la producción agraria, desde la producción a la comercialización. Esto, a su vez, ha potenciado el monocultivo, convirtiendo los productos del campo en commodities para la especulación.

En este contexto, el MST valoró que la entrada de capital financiero transnacional en el medio agrario, impide la reforma rural capitalista clásica, por lo que la reforma agraria debe de tener un carácter popular. Además de repartir la tierra, se entiende que es necesario cambiar el modelo productivo para garantizar alimentos saludables para todo el pueblo, lo que ha planteado la necesidad de estrechar lazos con la clase trabajadora del ámbito urbano. La reforma rural se entiende como la lucha de todo el pueblo, no sólo del campesinado.

Así, en los últimos años, además de continuar en sus actividades propias, el MST está estrechando lazos con la clase obrera de la ciudad y poniendo sus esfuerzos en la organización de la misma. Ejemplo de ello es la red Mãos Solidarias. Creada en la época de la COVID, unió las cocinas solidarias para garantizar alimentos saludables a los sectores más desfavorecidos de las ciudades junto a organizarlos y unirlos a la lucha.

A nivel mundial son pocos los movimientos revolucionarios que tengan la fuerza que tiene el MST. La ofensiva imperialista internacional ha tomado en Brasil la forma del bolsonarismo y los y las Sem Terra han demostrado su capacidad para resistir y luchar contra él. Los pueblos que luchamos contra el imperialismo tenemos mucho que aprender de este movimiento. Pero, ¿cómo se organiza este movimiento que tiene carácter de masa? ¿Cómo garantiza que sus miembros sean parte del proceso político? En torno a estas cuestiones será la segunda crónica que publicaremos en los próximos días.

La construcción la reforma agraria popular sobre el terreno (pasando de la teoría a la praxis política)

En el campamento Marielle Vive anochece a las cinco y media de la tarde. Tras pasar unos días en la Escuela Nacional Florestán Fernandes llega el momento de conocer el trabajo de base de los sem terra, aquel que alimenta el movimiento, la semilla que hizo que todo germinara. La forma de lucha del MST se basa en lo que aquí veremos: la ocupación de tierras montando campamentos de cientos de personas hasta conquistar su derecho a trabajarlas. Esto significa resistir durante años en forma de campamento hasta regularizarse de manera jurídica y convertirse en un asentamiento. Así lo consiguen la mayoría de las veces. Mientras hablamos de todo ello, en la oscuridad, el turno de seguridad del campamento Marielle Vive nos abre la puerta coronada con una bandera roja del MST. El nombre del campamento es un homenaje a Marielle Franco, concejala en Rio de Janeiro y referente afrobrasileña LGBTIQ+, asesinada por la violencia estatal en el año 2018. Varias personas acampadas nos dan la acogida. Nos sonreímos mucho porque a veces cuesta entenderse y hablamos del frío que hará los próximos días mientras nos frotamos las manos, charlar sobre el tiempo como primera toma de contacto parece una costumbre universal.

A la luz del día podemos apreciar mejor la configuración del campamento. Las calles las conforman hileras de pequeñas casas y entre hilera e hilera nos encontramos caminos de tierra, ninguna calle está asfaltada. Enseguida nos preguntamos qué ocurrirá cuando llueva mucho, cuando todas las calles se ablanden y se transformen en ríos de barro. Además, como tienen prohibido edificar sobre el terreno las viviendas están hechas de tablones de madera, chapa y palets, excepto algunas pocas que ya estaban edificadas antes de la ocupación, dónde vivían los antiguos trabajadores del latifundio. Todos los lugares aquí son un reflejo de la historia de la profunda desigualdad sobre la que se ha construido el país. Solo hace falta preguntar un poco para desenterrar los cimientos: detrás de la falta de acceso a la tierra se esconde el modo de producción agrícola capitalista y colonial. Un sistema que generó una gran masa de desposeídos de campo y ciudad cuyos descendientes ocupan hoy el campamento Marielle Vive. Las historias de resistencia y de lucha también forman parte de la arqueología del territorio.

Organización del campamento

El campamento Marielle Vive nace el 14 de abril del año 2018, a partir del trabajo de base del MST en las comunidades periféricas de la región metropolitana de Campinas. Las tierras improductivas de un latifundio abandonado fueron ocupadas dando lugar al campamento actual. Desde entonces y como el resto de campamentos y asentamientos, Marielle Vive se organiza de manera comunitaria. Así nos lo cuentan Lucas, Cintia y Cicéra, con quienes nos reunimos los próximos días en la escuela del campamento. Mientras que los núcleos de base constituyen el esqueleto del proyecto, los distintos sectores son los músculos que recogen y articulan las necesidades de la comunidad. Los núcleos de base son agrupaciones de distintas familias en los que se debate y decide sobre las cuestiones que atañen al campamento, su organización y resistencia. En Marielle Vive, nos encontramos en la actualidad con unas 200 familias, congregadas en 15 núcleos de base. Por su parte, los sectores son grupos de trabajo que se articulan en torno a las necesidades de la comunidad. Cintia, del sector de comunicación, nos explica que las personas eligen participar en uno u otro sector según el interés. En Marielle Vive hay sectores como Educación, Seguridad, Salud, Secretaría, Jóvenes, Comunicación, Economía, Mujeres, LGBTI, Infraestructura.

La comunidad como forma de resistencia

La comunidad en Marielle Vive es algo que se respira, algo que se percibe a través de los cinco los sentidos. Los niños y niñas juegan al aire libre y es fácil encontrarse pequeños grupos de personas hablando entre ellas o yendo a trabajar juntas a la huerta. Todo el mundo nos saluda y resulta habitual entablar conversación con cualquiera de las habitantes. Nos preguntamos mutuamente de dónde venimos, qué hacemos aquí. El olor de la comida de María se extiende por todo campamento e invita a las vecinas a acercarse y hacer cola frente a su puerta. María es la encargada de los fogones y su actividad se organiza mediante turnos en los que participa todo el campamento. Lo mismo ocurre con los turnos de seguridad o de la huerta, cumplir con las distintas tareas es un deber de toda la comunidad.

La resistencia del campamento palpa a través de esta organización colectiva. Y aquí, resistir no significa simplemente aguantar hasta conseguir cierto status legal, sino ir conquistando derechos que mejoren las condiciones de vida en el propio campamento, en la linea de frente. La muerte del acampado Luis Ferreira en el año 2019, durante una manifestación colectiva, es un ejemplo de ello. La movilización que tenía como objetivo denunciar la falta de agua potable en el campamento y reclamarla como derecho fundamental, resultó en cinco acampadas atropelladas y la muerte de Luis. Ahora, gracias a esa lucha colectiva, junto a los plataneros que se extienden por toda zona, algunos puntos azules decoran las calles de Marielle Vive. Son depósitos de agua potable a través de los que se abastecen todas las vecinas, el símbolo de una victoria, pero también de la crudeza de la lucha. En memoria de Luis Ferreira la escuela del campamento lleva su nombre. La misma escuela donde Luis asistía a a clases de alfabetización para adultos y donde también estudian los niños y niñas de Marielle Vive.

Además de la escuela, las acampadas también nos muestran otros proyectos conjuntos de la comunidad como un almacén de ropa o la huerta. Junto a Julia, una de las coordinadoras, visitamos la huerta, una producción basada en los principios de la agroecología. La plantación toma la forma de círculos concéntricos que siguen la lógica de la asociación entre distintos cultivos, unos y otros se ayudan a crecer, evitando la utilización de fertilizantes y agrotóxicos.

Actualidad

La ilusión con la que Julia nos habla de los distintos proyectos se desvanece levemente al hablar del futuro del campamento. La amenaza de desalojo lleva años haciendo mella en la vida cotidiana de las vecinas. María, la encargada de la cocina comunitaria, nos cuenta que ella misma tuvo que salir de campamento recientemente para ser tratada psicológicamente. La incertidumbre a la que se encuentran sometidas las acampadas es difícil de sostener. La pesadumbre que acompaña las miradas de Julia o María al pensar en el mañana se replica en otros rostros, en otros nombres, en los suspiros de otras bocas. Los ojos posados en el horizonte, lejos de lo tangible, siempre vuelven a su sitio a través de una brincada (broma). La risa les devuelve a sus cuerpos, a la inmensa capacidad para la resistencia y a la lucha por la tierra que vibra en cada rincón de Brasil.

Asentamiento Mario Lago

Nuestra próxima parada es el asentamiento Mario Lago, en la región de Ribeirão Preto. Del lado del tiempo pasamos del frío al calor, políticamente de la lucha al triunfo. Como hemos dicho, las resistencias en los campamentos suelen tener como objetivo el asentamiento, llegar desde una ocupación ilegal de la tierra a una situación de protección jurídica. No sabemos lo que nos vamos a encontrar, pero después de estar en Marielle Vive, tenemos claro que este tipo de lugares son imprescindibles para alimentar la esperanza. Los asentamientos son un ejemplo de que la lucha merece la pena, hacer realidad el sueño de los campamentos. Los asentamientos no sólo reconocen el derecho al cultivo de la tierra, sino que garantizan poder construir un proyecto de vida en el campo. Pero, ¿qué pasa a partir de ahí? ¿Cuál es la evolución? ¿Se mantiene el carácter comunitario del comienzo?


Mario Lago se convirtió en un asentamiento en 2008, tras 5 años de lucha. Actualmente lo componen 400 familias, 234 de ellas del MST. La diferencia más evidente que notamos es la mejora de las condiciones de vida. Marta y Francisco, las primeras personas que conocemos, nos cuentan que cada familia recibe 1,5 hectáreas de terreno. Cabe destacar que esto no significa que adquieran la propiedad de la tierra, sino que tienen derecho a utilizarla. Detrás de este proceso se encuentra el Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária (INCRA), institución controlada por el Estado encargada de la regularización de los asentamientos. Estas familias construyen grandes y sólidas casas para desarrollar allí una vida basada en la agricultura, con todos los servicios que podemos encontrar en las ciudades, y, por supuesto, también preparan la tierra para conseguir alimentos.

Pronto vemos la segunda diferencia con respecto al campamentos, aquí las familias campesinas permanecen completamente dispersas a lo largo del espacio del asentamiento. El paisaje de aquí está formado por granjas unifamiliares y la escasez de espacios comunitarios es evidente.

Organización del asentamiento y conexión con las ciudades

Aunque el asentamiento comenzó a desarrollarse con la misma estructura interna que los campamentos, la realidad actual nos muestra otra situación. Como nos reconocen los vecinos de Mario Lago, con el paso del tiempo se va perdiendo fuerza originaria de la organización. Tanto más teniendo en cuenta que el evangelismo va ganando fuerza en este lugar, una doctrina que impulsa el individualismo y las ideas de la meritocracia,.

Sin embargo, estos espacios no se convierten en lugares desorganizados, ya que muchos vecinos desarrollan la colectividad a través de otras vías. Por ejemplo, muchos productores del MST crean cooperativas para llevar la producción hacia el mercado. Dentro de estas experiencias destaca la cooperativa Comater, creada por mujeres en 2013. Como nos explican Nivalda y Clarinda, frente a la división sexual del trabajo en el campo, buscan reforzar y poner en el centro el papel de las mujeres productoras.

Por otro lado, organizan ferias agroecológicas para impulsar el poder en los asentamientos y campamentos, con el objetivo de dar salida a sus productos y visibilizar sus luchas. Según Joaquim, líder del MST en la región, todo ello construye varios puentes entre estas zonas agrícolas y las ciudades.

Enmarcados en el proceso de ganar visibilidad en la ciudad por parte del MST, está en marcha una campaña de plantaciones de árboles que realizan junto a algunos colectivos urbanos. Con el objetivo de combatir los incendios y reforzar los espacios naturales, varias personas de la ciudad acuden cada semana junto a los productores del MST para plantar nuevos árboles y realizar labores de prevención. De hecho, varios jóvenes de la ciudad nos expresan su deseo de vivir en el asentamiento del MST.

Agroecología

De un campo a otro, aunque varíen las clases de cultivo, todas las productoras nos muestran con igual cariño las tierras cultivadas, orgullosas del conocimiento adquirido durante años para conservarlas. Los y las campesinas se expresan con satisfacción sobre su forma de producción, basada en los principios de la agroecología.

En Mario Lago la preocupación por el medio ambiente tiene especial importancia, ya que los terrenos del asentamiento se encuentran sobre el territorio de recarga hídrica del acuífero Guaraní. Además, en la región predomina el monocultivo de la caña de azúcar controlado por la Agroindustria, lo que, además de devastar las tierras, supone un uso masivo de agrotóxicos. Por ello, las familias que conocemos reivindican especialmente la producción basada en la agroecología y la agroforestería. Esto da solidez al proyecto de vida, ya que no sólo defienden un estilo de vida basado en la agricultura. Las y los productores del MST quieren construir una reforma agraria popular y para ello consideran imprescindible preservar el equilibrio con la naturaleza.

Riesgos a modo de desafíos

Como hemos visto, el asentamiento Mario Lago está rodeado de amenazas. Por lo tanto, la lucha no termina cuando se consigue la regularización. Por un lado, emerge el riesgo de pérdida de la citada organización comunitaria. A esto hay que añadir otras amenazas: las agroindustrias que rodean estas tierras o las especulaciones inmobiliarias. Además de los enemigos externos, hay problemas internos como el envejecimiento de la comunidad y la falta de relevo de la juventud: la mayoría de las hijas y los hijos de las agricultoras no ven atractiva la vida en el campo y muchos se han movido a la ciudad.


Sin embargo, los miembros del MST tienen claro que alcanzar la condición de asentamiento no es el triunfo final, sino un logro que abre nuevos retos. Todas las personas que encontramos hablan claramente sobre las dificultades que puede tener el movimiento, sin adornos. A toda la Brigada nos sorprende la honestidad para con unas desconocidas y a la vez su firmeza para seguir luchando. El MST no considera sus contradicciones como algo a reprimir o encubrir, sino como un reto a afrontar. A lo mejor, esto último es algo que podemos aprender. Quizá la militancia arraigada a la tierra les ha dado una visión de paciencia. Tal vez, así como en la naturaleza hay ciclos, también los hay en lucha, y a pesar de las adversidades, hay que seguir sembrando el futuro.

1 Instituto Tricontinental de Investigación Social (abril de 2024)